Mario Bernardo Figueroa

Mario Bernardo Figueroa Muñoz. Psicoanalista. Miembro fundador de la Asociación de Psicoanálisis de Bogotá (Analitica), y docente de la Escuela de Estudios en Psicoanálisis, Subjetividad y Cultura de la Universidad Nacional de Colombia.

La Ministra, el dios y la jauría

Si no, si te resistes o si tus síntomas te impiden marchar al ritmo del crecimiento esperado o de la belleza ordenada, ya lanzaremos tras de ti la jauría encabezada por algunos periodistas, por el coro ensordecedor de la opinión pública, bien privatizada por los magnates que suman las cuentas al final de cada jornada, porque para ellos no hay mañana.

Para vivir sabroso, ¡no matarás!

Esta industria de fabricación de cadáveres, con múltiples variaciones, distintas presentaciones para fines diversos y múltiples filiales en todo el país, se sostiene en los tres estigmas que nos agobian como sociedad: la impunidad (mayor del 96%), la inequidad (una de las mas altas del mundo) y la discriminación (somos una sociedad patriarcal, machista, clasista, racista y sexista). 

El cándido candidato y su encanto

Quizá la tradición de apelar a la memoria y al reconocimiento de los ancestros, de los sabedores y sabedoras, presente en muchas comunidades de nuestro país, indígenas, afros y campesinas, nos permita servirnos de otras formas del padre, de la madre; menos infantiles y menos edípicas, más anudadas a lo simbólico, al saber que respeta el arraigo y la diferencia, y a vivir de manera colaborativa y respetuosa, aportando cada uno su falta, su deseo, su sueño, en lugar de tratar de obturarla. Quizá nos permita vivir un tanto descentrados del “pienso luego existo” que nos ha traído hasta acá, para matizarlo con el  “soy porque somos”, necesario para vivir sabroso y caminar bonito, sin el goce de sacrificarnos a esos viejos “ídolos oscuros”.

“¡No miren para arriba!” (se nos cae el candidato)

Es claro que la mayoría de los medios están imponiendo un candidato y callan ante las transgresiones del anciano mientras ríen de sus intervenciones y lo convierten en un personaje bonachón y audaz, bien verraco, que ha llegado a donde está a punta de tesón y de acabar con la corrupción. Parece que nos gritaran en coro, como en la película, “Don’t look up”, no miren para arriba porque le ven las vergüenzas (…) y se nos cae.

Rodolfo de Hamelin

En abril de hace un año, con el estallido social, ustedes, los jóvenes de todas las regiones del país se rebelaron contra el poder de ese fantasma mafioso, contra el padre que bajo la imagen de otro personaje de la vida nacional le da rejo a sus hijitos. Es hora de confirmar ese cambio, no volvamos a repetir esa forma de “servidumbre voluntaria”.